Dolía el simple recordar.
Vivimos para y según la sociedad. Los medios de comunicación nos ahogan con todos sus ideales y noticias. Pasamos la vida buscando y preparándonos para nuestro propósito, nuestro "futuro". Pero mientras realizamos nuestro cometido, la vida corre y a veces te deja atrás. Luego tenemos momentos de lucidez en los que queremos disfrutar, vivir de forma real. Nos dejamos llevar por nuestros sentimientos dejando de lado los instintos y cualquier tipo de lógica, razón o sentido. Y entonces es cuando caemos. Nos hundimos. Una, dos, tres veces... No hay número máximo en este concepto. Erramos constantemente a pesar del nivel de pragmatismo del individuo. Es un sentido optimista paralelo al camino estadístico. Olvidamos el ideal helénico. Somos escépticos en torno a las diferencias para con la sociedad. Sí, recordamos la seguridad individual pero no el egoísmo que a veces se ha de tener. Podemos disfrutar de la vida en referencia a pasiones momentáneas y no a sentimientos profundos que pueden hacer que desfallezcamos. A veces tenemos sueños diurnos y nocturnos los cuales hacen teñir nuestro rostro por el simple hecho carecer del valor de hacerlo. El individualismo nos hace fuertes. Podemos perseguir nuestras pasiones sin dejarnos llevar por ellas, puesto que si lo hacemos acabaremos siendo recelosos con nuestras quimeras y nuestra biografía se resumiría en la palabra "monótona".