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jueves, 21 de junio de 2018

Pont au double

L'Île de la Cité. Mi lugar favorito de París. Adoraba el ajetreo de la plaza que se unía al rumor del Sena. El olor que desprendían las panaderías cercanas creaba un ambiente cálido, aunque las bajas temperaturas asolaran a aquel lugar. Me sentía seguro, acompañado, bajo la mirada de todas las esculturas de bulto redondo que se posaban en la portada y las torres de la catedral. A pesar de llevar solo una primavera, invariablemente de cuantas veces pasara por allí, me quedaba de forma petrificada mirando la expresión de aquellas faces. Me dirigía al Pont au double, observaba el caudal del río y me servía de su brisa tan característica. La esquina que conectaba el puente con la isla era el lugar perfecto. Me sentaba. Abría la cremallera de la funda. Y sacaba aquella guitarra acústica de color caoba. Mi más preciado bien. Acariciaba las cuerdas de la forma más suave posible para que me hablaran. Una leve nota indicaba que debía hacer. Afinaba con sumo cuidado. No había rumores, transeúntes u olores que me hicieran desconcentrar. Solo estaban las notas. Una vez afinada, me incorporaba. Ponía mi mejor sonrisa. Y con la funda abierta a mis pies, comenzaba con la misma canción que sonaba en mi cabeza cada vez que paseaba por allí. Aquella de Edith Piaf que alude al mayor sentimiento. Pues al fin y al cabo, es la ciudad del amor.



“Cantar es una forma de escapar. Es otro mundo”
Edith Piaf.