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domingo, 24 de julio de 2016

Las primeras brisas del alba

Llevábamos ya un par de días cabalgando y habíamos pernoctado la pasada noche en un puesto comercial cercano a un pueblo, que alquilaba pocas habitaciones. El lugar era decente, limpio y con un dueño de buena educación que nos invitó al desayuno. Me desperté temprano y decidí salir a tomar el aire, el calor había hecho que la noche se hiciera algo larga y me levantara con náuseas. Fui a ver a Brasa, que parecía haber tenido mi mismo destino. No paraba de beber en el abrevadero y refugiarse en la sombra. Se lo merecía, había sido una yegua muy eficiente estos días atrás. Con el calor y las náuseas agradecí la poca brisa que me brindaba el clima de las primeras horas del alba. Me paré pensativo, fijándome en todos los detalles que por la noche no había podido observar con claridad. La montaña tras el puesto y la llanura en su frente. Las diferentes aves que por allí anidaban. El silencio. Sin lugar a dudas, la falta de bullicio fue lo que más me impresionó. La gente que pasaba por allí era variopinta, pero poca al fin y al cabo. No eran suficientes como para combatir la música diaria de una ciudad. Pronto se levantaría mi compañero y ese momento acabaría. Tendríamos que seguir nuestro cabalgue a las gélidas tierras del norte. Dónde las costas son un mito y el verano dura solamente un mes. Seguía absorto en todos mis pensamientos, todo lo que dejaba atrás, las cosas que me perdería, si la aventura contrarrestaría todo lo perdido...

   Desde la puerta y aún masticando el último trozo de pan salió mi compañero. Según se acercaba los rayos del sol se reflejaban juguetones en su Smith & Wesson y los repliques de sus botas perturbaban la tranquilidad que abundaba en aquel lugar. Llegó mirándome con sonrisa pícara y haciendo una negativa con la cabeza. 

     - Deberías descansar más. Falta mucho camino por delante. Si dormimos unas cinco horas diarias y de las cuales no llegas a cuatro durarás en el camino tres días más a lo sumo. Eso hará que nos retrasemos y tendré que llevarte a cuestas. Y no me apetece.

   Ignorando la palabrería y cháchara contesté abriendo otro tema.

     - He entendido tu consejo...
     - Es lógica pura, hay que dormir al igual que hay que com...
     - No. -intervine antes de que volviera a empezar- Me refiero al otro consejo, el de anoche.

   Me miró con cara de recién levantado extrañado. Con lo que hablaba probablemente ni siquiera se acordaría de a qué me refería y del por qué una de sus frases me había calado tan hondo. Quise comenzar a explicárselo cuando me sorprendió de pronto.

     - La vida hará que conozcas a mucha gente. Muchas de estas personas permanecerán en tu recuerdo, tienes buena memoria así que la mayoría, pero otras caerán en el olvido. Un egoísta recuerda sólo de los que ha podido sacar algo y de los que en un futuro podrá sacar. Tú también recuerdas a los que personalmente te han aportado algo, aunque sólo sea una simple idea. El hecho de que te marches lejos significa que perderás el contacto con la mayoría no que dejarán de existir en tu recuerdo. Habrá personas que, irremediablemente, perderás. Vuestros caminos se cruzaron pero nunca estuvieron destinados a seguir juntos.
     - He dicho que he entendido el consejo, no que esté de acuerdo. Una persona puede esforzarse en fortalecer relaciones aún cuando la distancia juega en su contra. Si bien la correspondencia no es lo mismo que el trato personal es un avance a tener en cuenta. No siempre habrá distancia y el destino es travieso con el futuro. ¿Quién sabe? Quizás los caminos vuelvan a juntarse.


   En todos los años que mi compañero y yo habíamos mantenido conversaciones con ideas dispares siempre tuvo la última palabra, dando miles de razones. Esta vez se quedó callado. Me miró un instante, comprendiendo que ni siquiera yo me creía. Aún así yo mantuve mi compostura e ideal. Él se alejó, ensilló su caballo y me animó a hacer lo mismo. Nunca hablamos más del tema, el tiempo nos daría la razón. Aunque ambos ya sabíamos la certeza del asunto...

sábado, 9 de julio de 2016

Monotonías diversas

Cada día se pueden recorrer decenas de aventuras y no lo hacemos por miedo. Pánico al cambio que este pueda aportar en nuestra monotonía diaria. Es fácil quedarse sentado. Planear todos los detalles. Quedarse en un estado el cual sería más fácil comparar con una máquina que con el de una vida plena. Cada día se exponen miles de situaciones delante de nosotros las cuales consciente o inconscientemente elegimos a nuestro paso. A veces hay que arriesgar, no siempre tendremos las mismas oportunidades. No siempre podremos hacer las mismas locuras que soñamos y no nos atrevemos. No siempre un atardecer puede ser eterno.

     Tampoco hay que hacer lo más alocado a nivel imaginativo. Basta con hacer algo diferente. Tumbarse en un parque, hierva recién cortada y su aire impregnado con olor de rocío y lavanda.





"No elegimos como empezamos en esta vida.
 La verdadera grandeza es que hacemos con lo que nos ha tocado."