Dulce amargura al olfato decanta. Llena la habitación con su aroma. La dulzura que conlleva esa pizca de azúcar y la suavidad de la espuma que roza tus labios vespertinos.
Cada día, tarde, noche. El cuerpo lo pide y tu lo quieres, la ausencia sería demasiado devastadora. Necesitas su compañía en el duro día a día, te mantiene despierto, te ayuda a vivir. La felicidad que te produce verlo es tan radiante que tu cara se ilumina sin tu quererlo, aún no desando mostrar esa empatía típica de inexpertos y jóvenes ¿Qué si no te hace interesante mientras lo consumes? ¿Qué si no te guardas para ti mismo?
Es una adicción, una necesidad. Algo a lo que todos nos rendimos. Él, cual abarca tantos símiles con el café...
viernes, 5 de diciembre de 2014
lunes, 8 de septiembre de 2014
La Princesa del Océano Atlántico - Capítulo 1
I
EL INICIO DE UNA CARRERA
Después de cinco tortuosos años lo había logrado, me había sacado la carrera de periodismo y había logrado conseguir las prácticas en un pequeño periódico de París. había dejado atrás mi sueño de trabajar en España "El país dónde los medios están comprados" y lo había ampliado a trabajar en una capital mayor.
Pensé que al principio tendría que hacer fotocopias y revisar algunas esquelas o noticias previas a la impresión. En cambio parece ser que iban más allá, una vez presentados los compañeros de trabajo, unos franceses estirados y otros un tanto hippies, se dispusieron a darme lo que ellos llamaron "una entrevista fácil". El trabajo parecía sencillo, tenía que ir a un hotel a entrevistar a un doctor en psicología y parapsicología inglés apellidado Sacks. Iba a estar tan sólo un par de días en la ciudad por temas de trabajo y querían la entrevista para mañana. Algo me decía que no iba a dormir muy bien esa noche. Así que me dispuse a terminar con esto lo antes posible y de la mejor manera. Era mi primera entrevista y me sentía como una colegiala ante su primer curso en la educación secundaria.
Llegué allí a eso de las 15:30, esperando coger al
doctor en su descanso tras la presentación de su nuevo libro. Estaba hospedado
en el Hotel Ubu. El Hotel era elegante, uno de esos de cinco estrellas. Había
un piano nada más entrar a la derecha, grandes alfombras en el suelo de un
estilo clásico pero elegante y unas grandes escaleras de un estilo barroco que
accedían a las habitaciones justo enfrente. La recepción estaba a la izquierda,
regentada por un recepcionista con cara de "estreñido". A la derecha
del hall estaba la puerta a lo que debía ser la cafetería, ya que nada más
pasar la puerta te encontrabas con una pared que te obligaba a girar a la
derecha para poder acceder al comedor.
Una vez echado el vistazo vi el problema: no
tenía pase de prensa como los demás periodistas. Así que decidida fui a
acercarme a la recepción esperando "camelarme" al recepcionista.
- Buenas tardes monsieur. Tengo una entrevista con el Dr. Sacks.
- Identificación, pog favog.
- Por supuesto, aquí tiene.
- Samantha Galega, pegiogista del pegiodico Égalité. No me consta en la lista de pgensa mademoiselle.
- Un periódico más o men...
- No me consta, pog lo tanto no puede pasag. Y ahoga si no le impogta, apágtese y no etogpesca la cola.
- Pero podr...
- Allez, allez.
Genial, no había conseguido colarme. "Entrevista fácil" dijeron los gabachos. tenía que volver con una entrevista, eso denostaría perseverancia y aptitudes pero ¿Cómo hacerlo? Analizando la situación pensé en colarme pero vestida con traje de chaqueta y tacones de 10 centímetros iba a hacer poco, además era nuevo y blanco y no pensaba en manchármelo, las cosas como son. No. Tenía que encontrar otro modo de reunirme con el doctor antes de esta noche.
En ese momento me percaté. La situación de la seguridad. Había dos seguratas del hotel en la entrada aguantando al séquito de fans. Había podido pasar al enseñar mi identificación del periódico. Dentro, pocos fanáticos del doctor quedaban, en cambio ya no había seguridad del hotel. En esta ocasión solo se hallaban hombres altos con trajes, gafas de sol y pinganillos transparentes en sus orejas izquierdas. Cualquiera diría que es un tópico, pero por lo poco que me había informado del doctor tenía pinta de ser un conservador exaltado. Pero volvamos a la situación de los agentes del doctor. Está bien que cubran la entrada y los ascensores, pero ¿por qué hay dos en la puerta de la cafetería? Parece ser que el descanso del doctor constaba en adelantar su té de las "five o'clock" una hora. Entrar iba a resultar casi improbable pero hay una cosa que nunca niegan a una mujer, entrar al servicio cuando está... en esos días. Y ¿dónde estaba el servicio? ¡Bingo!
sábado, 23 de agosto de 2014
#MicroCuento Vida Actual
Podría pensar en todas las angostas situaciones que estaban pasando por su vida, difíciles de superar y con poca cosa más que la improvisación. Sin embargo él sólo podía pensar en una cosa: el tiempo. Ese factor tan incontrolable como el clima. Puede llegar a atisbar que pasará en ambos casos, pero no como acabará. Son muchas las vueltas que pueden darse cada año y la madurez hacia él se iba formando más ¿por qué esperar algo de una persona que no le ha demostrado nada? ¿Por qué luchar ante algo que ve tan lejano? Citaré algo que él dijo una vez "Por intentarlo que no falte".
sábado, 16 de agosto de 2014
La condición del Sueño
Disculpen vuesas mercedes si ya he hablado de esto en otra entrada, pero es algo de lo que requería escribir. Pienso lo increíble que es el estado onírico, el estado del sueño. Una vez dormido, cuando empiezas a soñar el sueño se convierte en realidad. Una realidad sólo tuya.
La razón por la que escribo esto es el estado de ánimo con el que te levantas. EL sueño no ha pasado, pero tú lo has vivido y esa experiencia te apresará durante un tiempo. Vuelves a estar con personas con las que ya no ves, o ya no están. Por un segundo las abrazas, las besas, las sientes... A veces es bueno, siempre he dicho que hasta me gusta tener pesadillas (es como tener una aventura sin salir de casa), en cambio otras veces te llegan a apenar un poco.
Como ya dije una vez, esto más que para compartir, es para desahogar algo que necesito escribir. A veces resulta cursi, lo sé ¿Qué le vamos a hacer? Termino con una frase que escuché de Elsa Punset: "Aunque estés triste sonríe, ese gesto hará que estés menos triste".
Soreid y no menospreciaréis el poder de la mente.
La razón por la que escribo esto es el estado de ánimo con el que te levantas. EL sueño no ha pasado, pero tú lo has vivido y esa experiencia te apresará durante un tiempo. Vuelves a estar con personas con las que ya no ves, o ya no están. Por un segundo las abrazas, las besas, las sientes... A veces es bueno, siempre he dicho que hasta me gusta tener pesadillas (es como tener una aventura sin salir de casa), en cambio otras veces te llegan a apenar un poco.
Como ya dije una vez, esto más que para compartir, es para desahogar algo que necesito escribir. A veces resulta cursi, lo sé ¿Qué le vamos a hacer? Termino con una frase que escuché de Elsa Punset: "Aunque estés triste sonríe, ese gesto hará que estés menos triste".
Soreid y no menospreciaréis el poder de la mente.
martes, 24 de junio de 2014
#MicroCuento Una Copa
24/06/2014
Después de 24 días sin probar una sola gota. Reservándome, para saborear aquel líquido de color corinto en una buena copa o cáliz. Pues al lector remito el mensaje: No hay nada mejor que disfrutar de ésta suculenta bebida, la cual nos permite mantenernos vivos cada noche... Siempre antes del alba.
sábado, 8 de febrero de 2014
#MicroCuento Cicatrices a base de heridas
Había pasado ya mucho tiempo desde la primera vez que vio a aquella chica de la nobleza cabalgar por sus tierras campesinas. Y poco más de un año desde que entablaron amistad. A tal límite que cuando ella fue a precipitarse en el estramonio, él se tiró encima de la planta para protegerla. Él se había enamorado irremediablemente de ella. Lamentablemente ella abandonó la ciudad por temas burocráticos. Él se recuperó de la infección a base de infusiones y cremas preparadas con plantas de la zona pero siempre tuvo la cicatriz... Su recuerdo estaba inmortalizado en su piel.
miércoles, 29 de enero de 2014
Acceptance Of Reality - Tomo V (Final)
30 de Mayo de 2014
Costa del Estrecho de Gibraltar
El paseo marítimo de aquella ciudad estaba desierto esa temprana mañana. Apenas había amanecido y las nubes se apartaban levemente dejando entrar los primeros rayos de sol que hacía días no se veían por la espesa lluvia. Las calles seguían mojadas, cada baldosa rojiblanca tenía en sus estrechos huecos de su fino dibujo charcos de agua. Algunas yacían rotas cual socabón tras pasar por viento y agua, otras en cambio pecaban de nuevas haciéndose notar frente a las otras.
Tras un muro de unos cuarenta centrímetros podía verse la playa. El rugir de las olas era leve y la marea bajaba dejando su espumosa huella en la orilla oscurecida por su anterior llegada.
Entre los bares, cafeterías y heladerías de la zona, sólo uno había dejado las mesas fuera, ahora yacían encharcadas y maltrechas bajo un toldo recogido. En una de las mesas un hombre sentado ataviado por una chupa de cuero, unos vaqueros y unas robustas botas, las cuales habrían sido más eficaces para campo que para ciudad. El caballero cubría su cara con una gorra de golf blanca y unas gafas de aviador. Fumaba un Montecristo mientras parecía que esperaba a alguien. Al cabo de unos escasos minutos apareció otro hombre. Apenas debía medir el metro setentaicinco, la contradicción de su delgadez con su abultada barriga hacían preever que era adicto a la cerveza, aparte de su evidente adicción al tabaco. Su vestimenta era más antitemporal que la de el hombre que esperaba su encuentro, éste en cambio llevaba una camisa por fuera del pantalón, arrugada y a medio remangar en la que llevaba en su bolsillo un paquete de rubios. Los botones desabrochados de la camisa dejaban entrever los pelos pelirrojos que asomaban de su pecho combinando así con los pocos rapados que le quedaban en su cabeza. Sus ojos también enstaban ocultados por unas gafas de sol, éstas en cambio redondas y con un cristal de un marrón tenue. Poco a poco el pelirrojo se fue acercando a quién parecía llevar esperándole horas por el par de puros apagados en las baldosas que había a su alrededor.
- No ha sido fácil encontrarte Robles - Dijo el hombre sentado mientras los primeros rayos de sol dejaban entrever entre sus labios una perfilada perilla canosa.
- ¿Henry? Pensaba que nuestra "asociación" - Dijo mientra gesticulaba comillas con sus manos - había acabado tras el estallido aéreo en el Heathrow.
Robles tenía una voz algo aguda para un hombre de treinta y tantos. Sus gesticulaciones y su sonrisa amarillenta con cada palabra hacían de él una persona inquietante. Cada cierto tiempo le daba una larga calada a su cigarro y, según se la daba, expulsaba su humo por la nariz.
- Quinientas cuarenta personas Robles... Según mis investigaciones eras alguien eficaz, alguien en quien poder encargar un trabajo complicado ¿Qué salió mal?
- Eficaz, exacto. Si mal no tengo entendido tenía que seguir broker y apartarlo de su inversión respecto a las acciones de Retracts Enterprise y eso hice - Dijo mientras acababa con una carcajada.
- ¡Quinientas cuarenta personas Robles!
- Doscientos treinta y nueve varones, doscientas mujeres y ciento un niños. Sí, yo también leí las noticias... Daños colaterales. En principio no era mi intención estrellar el avión, mis trabajos no suelen ser sutiles pero no llegan a tal magnitud. El problema es que mi persona fue descubierta y el número de personas implicadas crecían por cada rumor de butaca. Es increíble como la gente se divierte con cualquier chisme. En cualquier caso y como previamente he dicho el trabajo resultó. Pero he de averiguar que no has venido sólo aquí a que te cuente lo que ya leíste en la esquela del periódico. Dime viejo conocido por correspondencia ¿Qué te trae por aquí?
- ¿Conoces la Teoría del Caos?
- Ehm... Sí - Afirmó Roberto con tono desconcertado.
- Bien. Pues tú has provocado su caos - Dijo Henry mientras señalaba a un joven que estaba apoyado sobre una pared a cien metros tras Robles.
- Ya me percató Alexander que estabas descontento con el trabajo que te fue asignado, sin embargo nunca pensé que lo dejarías con vida... Parece que vas a tener que ir dejando este negocio, empiezas a ponerte sentimental.
- ¿La jubilación?
- Puedes verlo así ¿Qué mejor que el día de la Paz?
Henry apagó el puro que llevaba fumando un rato, se levantó y hizo un gesto de afirmación con la cabeza.
- Pensé que opondrías más resistencia.
Roberto Robles sacó del bolsillo derecho de su pantalón una vereta con silenciador, apuntó a Henry y en ese mismo momento Arturo Vidal había llegado a su altura para propiciarle un corte en su costado haciéndole caer contra el suelo.
- "Pues ¿quién soportaría el denigrante azote de los tiempos, el mar del opresor, la ofensa del soberbio, la aungustia del amor menospreciado, la tardanza en la ley, el poder arrogante, pudiendo, con un simple puñal liquidar cuentas?" - Recitó Henry.
- Hamlet... - Dijo Robles mientras se reía y agonizaba en el suelo - ¿Veneno?
- Sí, uno muy sutil. Aunque más sutil fue que el declive de tu vida lo asestara aquel a quien habías destrozado la vida años atrás.
La sonrisa amarillenta de Robles permaneció aún habiendo llegado su muerte. Sin testigo alguno Henry y Arturo se desicieron del estilete manchado de sangre y veneno arrojándolo al mar y dejaron el cadaver de roble tumbado sobre el húmedo suelo que cubría el paseo. Encima, un periódico con fecha del 15 de Abril de 2012. Y una nota en la portada que alertaba "Aquí yace vuestro hombre".
- Bueno Hen, por fin ha acabado.
- ¿Qué piensas hacer ahora Arthur?
- Arturo. - corrigió - Me gusta este sitio, quizás pase un tiempo aquí hasta que pase el verano. Aunque también me gustaría visitar a la doctora Piers, esa doctora que me atendió en el hospital Kirchberg de Luxemburgo. De todas las que hemos conocido en nuestro distintivo viaje, ella sigue siendo la que más mantengo en mi retina. - terminó diciendo mientras sonreía.
- Es curioso que te guste este sitio. Y respecto a la doctora... Déjate de necedades.
- En fin... ¿Dónde estamos exactamente? - Preguntó mientras reía.
- En el paseo marítimo de Getares, Algeciras. Y más vale que nos vayamos yendo ya. En un par de horas abrirán las cafeterías y empezará a llegar gente.
- Y tú ¿qué? ¿Te quedarás?
Mientras Henry se alejaba le lanzó las llaves del Mercedes a Arturo, se encendió un puro y finalizó diciendo:
- Aún tengo alguien a quien he de dar un asunto pendiente antes de retirarme.
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