2 de Mayo de 2012
Espacio aéreo, afueras de Madrid.
Ya se vislumbraban los primeros rayos del alba cuando Roberto ya se había levantado. Él había conciliado el sueño, pero aún le quedaban muchas dudas, seguía sin recordar nada. Solo sabía lo que un hombre que acababa de conocer, hace dos semanas (de las cuales solo había estado consciente un día) le había dicho con su refinado acento inglés norteño. Ahora, Roberto, se encontraba frente a las jaulas de animales, los cuales que, por el traqueteo del avión y el sonido de sus propias jaulas, se habían desvelado.
- Señor Robles - Dijo Henry, que había aparecido tras la cortina repentinamente - Veo que ya se ha despertado.
- No se crea. Sigo sin recordar nada... - Repuso Roberto con tono irónico.
- Debería sentarse y ponerse el cinturón, en pocos minutos llegaremos a nuestro destino.
- Habla usted como una azafata de avión. Y, por cierto, sigo sin saber con exactitud cual es nuestro destino. A parte del hecho, claro está, de que vamos a Madrid a reunirnos con alguien.
- Todo a su debido tiempo... Es curioso. Según me afirmaron, estos bichos debían de estar dormidos hasta una hora después de nuestra llegada.
- Sí. Respecto a la afirmación de ayer, no son ratas. Ni roedores.
- Ilústreme - Dijo Henry mientras enarcaba una ceja.
- Son Suricatas, mamíferos carnívoros que habitan, normalmente, en climas áridos y secos. De la familia de las mangostas. De hecho, se le considera una de las mangostas más pequeñas.
- Curioso a la par que desconcertante. Dígame, si no recuerda nada ¿Cómo sabe eso?
- Precisamente Henry ésta, incluida con el análisis de fonología que le hice la primera vez que nos vimos, es precisamente lo que me hace creer en su teoría de quién soy en realidad.
Henry asintió. Recordaba perfectamente su llegada a la habitación de hospital y como, hablando en alemán, había cogido su procedencia. Roberto, que poco a poco se iba dando cuenta de sus habilidades, dudó poco si el nombre que su compañero de avión le había dado era el verdadero o no, apenas reparó en ello. Esto era lo que tenía, esta era ahora su única vida, así que estaba dispuesto a llegar al final de esta disputa.
Ambos se dispusieron a ponerse el cinturón. El piloto dio el aviso de que en escasos minutos iban a aterrizar. Después del aviso, a Roberto no le quepo duda de que era cierto que Henry no lo conocía, porque lo dijo en un perfecto luxemburgués (alguien medianamente conocido lo habría dicho en alemán o francés al menos, siendo estas las otras dos lenguas oficiales de Luxemburgo).
Ambos se dispusieron a ponerse el cinturón. El piloto dio el aviso de que en escasos minutos iban a aterrizar. Después del aviso, a Roberto no le quepo duda de que era cierto que Henry no lo conocía, porque lo dijo en un perfecto luxemburgués (alguien medianamente conocido lo habría dicho en alemán o francés al menos, siendo estas las otras dos lenguas oficiales de Luxemburgo).
A la hora, ya habían conseguido desembarcar de aquel aparatoso avión y de sus pequeños y curiosos visitantes del sur de África. Estaban en Barajas, justo cuando se acercaban a coger un taxi Henry se paró de repente tras haber sacado su móvil del bolsillo y prestarle atención.
- ¿Pasa algo? - Preguntó Roberto con curiosidad tras el gesto de su cara.
- Cambio de planes, deja el taxi.
Al momento llegó un mercedes negro. De el bajó un chófer que sin a penas mirar a Henry le lanzó las llaves. Éste, las agarró al vuelo y se dirigió apresuradamente hacia el vehículo. Roberto, por inercia, acabó dando largas zancadas hacia el coche hasta subirse en el como copiloto.
Tras unos minutos callados mientras que Henry conducía con mirada seria y pensativo, Roberto rompió el silencio:
- Bueno, hay que admitir que ha sido impresionante. Sobre todo la parte del chófer bajando y lanzándote las llaves sin decir ni "pío". Sí, definitivamente de esos treinta segundos escasos desde "deja el taxi" hasta nuestra subida al vehículo, ese ha sido el momento con el que me quedo.
Al ver el caso omiso que su compañero le había otorgado se puso a intentar averiguar donde estaba. Roberto era español, de eso no había duda. Entre su nombre, sus faciones y su suprema sapiencia del idioma en comparación con el otro que medianamente manejaba, no le quedaban dudas de que estaba en su nación. Pero ¿Era de Madrid? ¿La habría visitado alguna vez? No tenía ni idea de dónde estaba, después de intentar buscar algo que le sonara y aventurarse a analizar en que parte podía estar, lo único que pudo atisbar era que se alejaban de la ciudad.
Tras cincuenta minutos de trayecto, Henry se paró en un llano cercano a el embalse de Valdemayor (según había podido leer Roberto en uno de los carteles durante su callado viaje).
Ambos bajaron del coche y antes de que Roberto pudiera preguntar nada, el móvil de Henry comenzó a sonar.
- Discúlpame, he de contestar a la llamada. - Explico Henry.
Roberto solo se dedico a asentir con cara de preocupación y curiosidad por saber lo que pasaba en la cabeza de su único conocido.
- ¿Sí? - Contestó Henry a la llamada mientras se alejaba a un plano donde Roberto no pudiera oírle.
- ¿Dónde lo has llevado? - Preguntó la misteriosa voz del teléfono.
- Al embalse de Valmayor.
- ¡Vaya! - Dijo sorprendido - Nunca pensé que tuvieras ingenio para tan buen sitio.
- ¿Por qué me has pedido que lo traiga a un lugar alejado Alexander?
- Claro, déjame explicarte. Seguí tus órdenes, investigué más al chico. Por Roberto Robles no salió más de lo que buscamos en la época, misma información y poca novedad e irrelevante. Sin embargo, hay algo que sí me intereso.
- ¿El qué?
- Tu descripción del chico, en concreto su hipermetropía. Los que nos dedicamos a esto somos cuidadosos, eso ya lo sabes. Pero su juventud e hipermetropía me desconcertaban, así que me puse a investigar sobre ello. Logré conseguir una copia de seguridad del Heathrow del día 27 de Abril de 10:00 am a 11:00 am.
- ¿Del aeropuerto? El día del accidente...
- Sí. El piloto no llevaba gafas. Te equivocaste de paciente.
- No... Es él, seguro. Tiene gran habilidad de análisis y es persp...
- Te equivocaste de paciente - Dijo Alexander interrumpiéndolo. - No dudo de sus cualidades. Te conozco. No quería herir tu orgullo, también lo he investigado. Su nombre real es Arturo Vidal, veintisiete años, licenciado en historia y titulado en lengua inglesa. Sus hobbys son leer novelas de Agatha Christie entre otras novelas de misterio y el cine clásico, en concreto las de Cary Grant. Es curioso cuanto se puede saber de una persona por redes sociales. Hoy en día, con estas cosas, ya nadie tiende a ser enigmático ¿No crees?
Henry soltó un suspiro de preocupación.
- Y ¿Ahora qué? - Se decidió a preguntar por fin.
- Elimínalo.
- ¿Qué? Es inocente, ha tenido un accidente y no recuerda nada.
- Henry, lamento que tengas que hacer esto pero ambos sabemos la importancia de este asunto. Sabe lo suficiente y querrá saber más.
- ¡No!
- ¡Elimínalo!
- ¡No hay por qué hacer esto!
- ¡Henry! - Dijo Alexander intentando hacerle entender.
Al momento Henry miró a Roberto, o Arturo que era como realmente se llamaba. Y mientras agarraba el móvil con su mano izquierda, sacó del bolsillo interior izquierdo de su americana su mini Bersa Thunder de 9 mm. Apretó el gatillo y... Un estruendo ensordeció el aire.
- Bien hecho Henry. - Dijo la voz de Alexander segundos antes de colgar la llamada.- Bien hecho.
