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martes, 16 de julio de 2013

Acceptance of Reality - Tomo IV


2 de Mayo de 2012
Espacio aéreo, afueras de Madrid.

Ya se vislumbraban los primeros rayos del alba cuando Roberto ya se había levantado. Él había conciliado el sueño, pero aún le quedaban muchas dudas, seguía sin recordar nada. Solo sabía lo que un hombre que acababa de conocer, hace dos semanas (de las cuales solo había estado consciente un día) le había dicho con su refinado acento inglés norteño. Ahora, Roberto, se encontraba frente a las jaulas de animales, los cuales que, por el traqueteo del avión y el sonido de sus propias jaulas, se habían desvelado.

- Señor Robles - Dijo Henry, que había aparecido tras la cortina repentinamente - Veo que ya se ha despertado.
- No se crea. Sigo sin recordar nada... - Repuso Roberto con tono irónico.
- Debería sentarse y ponerse el cinturón, en pocos minutos llegaremos a nuestro destino.
- Habla usted como una azafata de avión. Y, por cierto, sigo sin saber con exactitud cual es nuestro destino. A parte del hecho, claro está, de que vamos a Madrid a reunirnos con alguien.
- Todo a su debido tiempo... Es curioso. Según me afirmaron, estos bichos debían de estar dormidos hasta una hora después de nuestra llegada.
- Sí. Respecto a la afirmación de ayer, no son ratas. Ni roedores.
- Ilústreme - Dijo Henry mientras enarcaba una ceja.
- Son Suricatas, mamíferos carnívoros que habitan, normalmente, en climas áridos y secos. De la familia de las mangostas. De hecho, se le considera una de las mangostas más pequeñas.
- Curioso a la par que desconcertante. Dígame, si no recuerda nada ¿Cómo sabe eso?
- Precisamente Henry ésta, incluida con el análisis de fonología que le hice la primera vez que nos vimos, es precisamente lo que me hace creer en su teoría de quién soy en realidad.

Henry asintió. Recordaba perfectamente su llegada a la habitación de hospital y como, hablando en alemán, había cogido su procedencia. Roberto, que poco a poco se iba dando cuenta de sus habilidades, dudó poco si el nombre que su compañero de avión le había dado era el verdadero o no, apenas reparó en ello. Esto era lo que tenía, esta era ahora su única vida, así que estaba dispuesto a llegar al final de esta disputa.
Ambos se dispusieron a ponerse el cinturón. El piloto dio el aviso de que en escasos minutos iban a aterrizar. Después del aviso, a Roberto no le quepo duda de que era cierto que Henry no lo conocía, porque lo dijo en un perfecto luxemburgués (alguien medianamente conocido lo habría dicho en alemán o francés al menos, siendo estas las otras dos lenguas oficiales de Luxemburgo).

A la hora, ya habían conseguido desembarcar de aquel aparatoso avión y de sus pequeños y curiosos visitantes del sur de África. Estaban en Barajas, justo cuando se acercaban a coger un taxi Henry se paró de repente tras haber sacado su móvil del bolsillo y prestarle atención.

- ¿Pasa algo? - Preguntó Roberto con curiosidad tras el gesto de su cara.
- Cambio de planes, deja el taxi.

Al momento llegó un mercedes negro. De el bajó un chófer que sin a penas mirar a Henry le lanzó las llaves. Éste, las agarró al vuelo y se dirigió apresuradamente hacia el vehículo. Roberto, por inercia, acabó dando largas zancadas hacia el coche hasta subirse en el como copiloto.
Tras unos minutos callados mientras que Henry conducía con mirada seria y pensativo, Roberto rompió el silencio:

- Bueno, hay que admitir que ha sido impresionante. Sobre todo la parte del chófer bajando y lanzándote las llaves sin decir ni "pío". Sí, definitivamente de esos treinta segundos escasos desde "deja el taxi" hasta nuestra subida al vehículo, ese ha sido el momento con el que me quedo.

Al ver el caso omiso que su compañero le había otorgado se puso a intentar averiguar donde estaba. Roberto era español, de eso no había duda. Entre su nombre, sus faciones y su suprema sapiencia del idioma en comparación con el otro que medianamente manejaba, no le quedaban dudas de que estaba en su nación. Pero ¿Era de Madrid? ¿La habría visitado alguna vez? No tenía ni idea de dónde estaba, después de intentar buscar algo que le sonara y aventurarse a analizar en que parte podía estar, lo único que pudo atisbar era que se alejaban de la ciudad.
Tras cincuenta minutos de trayecto, Henry se paró en un llano cercano a el embalse de Valdemayor (según había podido leer Roberto en uno de los carteles durante su callado viaje).

Ambos bajaron del coche y antes de que Roberto pudiera preguntar nada, el móvil de Henry comenzó a sonar.

- Discúlpame, he de contestar a la llamada. - Explico Henry.

Roberto solo se dedico a asentir con cara de preocupación y curiosidad por saber lo que pasaba en la cabeza de su único conocido.

- ¿Sí? - Contestó Henry a la llamada mientras se alejaba a un plano donde Roberto no pudiera oírle.
- ¿Dónde lo has llevado? - Preguntó la misteriosa voz del teléfono.
- Al embalse de Valmayor.
- ¡Vaya! - Dijo sorprendido - Nunca pensé que tuvieras ingenio para tan buen sitio.
- ¿Por qué me has pedido que lo traiga a un lugar alejado Alexander?
- Claro, déjame explicarte. Seguí tus órdenes, investigué más al chico. Por Roberto Robles no salió más de lo que buscamos en la época, misma información y poca novedad e irrelevante. Sin embargo, hay algo que sí me intereso.
- ¿El qué?
- Tu descripción del chico, en concreto su hipermetropía. Los que nos dedicamos a esto somos cuidadosos, eso ya lo sabes. Pero su juventud e hipermetropía me desconcertaban, así que me puse a investigar sobre ello. Logré conseguir una copia de seguridad del Heathrow del día 27 de Abril de 10:00 am a 11:00 am.
- ¿Del aeropuerto? El día del accidente...
- Sí. El piloto no llevaba gafas. Te equivocaste de paciente.
- No... Es él, seguro. Tiene gran habilidad de análisis y es persp...
- Te equivocaste de paciente - Dijo Alexander interrumpiéndolo. - No dudo de sus cualidades. Te conozco. No quería herir tu orgullo, también lo he investigado. Su nombre real es Arturo Vidal, veintisiete años, licenciado en historia y titulado en lengua inglesa. Sus hobbys son leer novelas de Agatha Christie entre otras novelas de misterio y el cine clásico, en concreto las de Cary Grant. Es curioso cuanto se puede saber de una persona por redes sociales. Hoy en día, con estas cosas, ya nadie tiende a ser enigmático ¿No crees?

Henry soltó un suspiro de preocupación.

- Y ¿Ahora qué? - Se decidió a preguntar por fin.
- Elimínalo.
- ¿Qué? Es inocente, ha tenido un accidente y no recuerda nada.
- Henry, lamento que tengas que hacer esto pero ambos sabemos la importancia de este asunto. Sabe lo suficiente y querrá saber más.
- ¡No!
- ¡Elimínalo!
- ¡No hay por qué hacer esto!
- ¡Henry! - Dijo Alexander intentando hacerle entender.

Al momento Henry miró a Roberto, o Arturo que era como realmente se llamaba. Y mientras agarraba el móvil con su mano izquierda, sacó del bolsillo interior izquierdo de su americana su mini Bersa Thunder de 9 mm. Apretó el gatillo y... Un estruendo ensordeció el aire.

- Bien hecho Henry. - Dijo la voz de Alexander segundos antes de colgar la llamada.- Bien hecho.

miércoles, 10 de julio de 2013

Acceptance of Reality - Tomo III

1 de Mayo de 2012
En algún lugar del espacio aéreo.

Por la poca luz que entraba tras la cortina que separaba la cabina de mandos del fuselaje. Tanto Henry como el paciente se encontraban sentados en las sillas de las paredes laterales de aquella aeronave. El color predominante en la sala era un plateado desgastado a excepción de las butacas, las cuales (algo usadas) eran de un marrón apagado. Henry se encontraba leyendo un libro, "Hamlet" de W. Shakespeare, y el paciente (vestido con un traje azul marengo y camisa blanca) permanecía dormido en una postura que a muchos les parecería incomoda a la par que dolorosa, por la postura de su cuello cayendo sobre su hombro izquierdo sin, ni siquiera, apoyar la mano en el reposabrazos para estar más cómodamente equilibrado.

- ¡Agh! - Se quejó el paciente mientras se despertaba.
- Buenos días ¿Ha dormido bien? - Preguntó Henry con cierto cinismo.
- ¿Qué? Pero... ¿Dónde estoy?
- En un avión.
- Ya... ¿Es su jet privado?
- ¡Já! Digamos que no tengo demasiados contactos en Luxemburgo y es lo que he podido conseguir.
- Vale ¿Y qué es?
- Es un avión de carga ¿Oye el traqueteo de metales que sale de la sala al fondo del fuselaje?

El paciente miró hacia la cortina que, nuevamente, separaba lo que sería la zona central del fuselaje del avión, con la cola de este.

- Son jaulas de animales. - continuó Henry - Tranquilo, están sedados. Los transportan para experimentar con ellos Antes he echado un vistazo, la mayoría son pequeños roedores y ratas. Como si esas cosas no se encontraran en cualquier ciudad...
- Vale, vale. Creo que son demasiadas cosas a asumir desde que intento recobrar la memoria.- El paciente empezó a ponerse irascible - Ha provocado una explosión en un hospital ¿Y si ha matado a alguien?, me ha secuestrado y drogado con material robado y ahora me está transportando ¡Dios sabe dónde! Además ¿Cuántas horas llevo durmiendo?
- ¿Ya?
- ¡No! Para colmo no recuerdo nada de lo anterior y sigo sin saber quién soy, así que dudo que te pueda servir de algo, a no ser que le interese lo único que sé de mí que es el rostro de mi cara.
- En fin...
- No me ha atado - siguió hablando el paciente sin parar y tranquilizándose un poco - ¿Y si intentara dejarle inconsciente? ¿Y si le atacara? ¿Me enviaría a tus matones? ¿Dónde están?
- Bien. Ahora se va a callar un instante.

El paciente asintió con desconfianza y analizando la habitación que le rodeaba.

- Empezando por el principio. Fue una explosión controlada, lo justo para que hiciera ruido y incendiara lo esencial como para que sonara la alarma de incendios, como dije tenía que buscar un método de sacarle de allí lo antes posible. Después, sí, le drogué y... Cogí del hospital el somnífero que le dejó inconsciente, pero tranquilo, tienen miles y más que vendrán. Además, has de admitir que es mucho más sutil que un golpe en el sitio indicado para hacerle dormir. Y horas dormidas llevará unas 312 horas, antes de que preguntes, sí, con un coma inducido y sueros.
- Per... ¿Cóm..? - Intentó interrumpir el paciente, en vano, ya que tenía curiosidad por el continúe de la historia.
- Respecto a lo del secuestro, usted mismo ha dicho que no está atado, por lo que realmente no le retengo. Y, por último, no, no tengo a nadie, aparte del piloto solo estamos usted y yo y, sinceramente ni siquiera lo conozco. 
Por cierto, si intentara hacer algo contra mí, esta vez sí quedaría inconsciente de un golpe y quizás en su nuevo desvelo no sería tan cordial.
- He de suponer que solo puedo ceder.
- Así es, aunque seguiré desconfiando de usted al igual que usted lo hace de mí.
- Es curioso... Me llama de usted. Sin embargo cuando me encontró en la cama de hospital, al intentar inclinarme me tuteó con las palabras "¿Eh? ¿Estás bien?", tras mi desconcierto de donde estaba, cambió irracionalmente y empezó a dirigirse hacia mí de usted.
- Hum... - Resopló Henry con curiosidad.
- Por lo tanto - siguió el paciente - "Usted" me conoce, sabe quién soy. Probablemente hayamos tomado café antes y ni siquiera lo sepa ¿También yo provocaba explosiones? Además, la doctora Piers mencionó que sufrida la conmoción que sufrí era razonable la amnesia. Así que dígame ¿Quién soy? y ¿Por qué estoy así?
- He de suponer que ha terminado mi lectura por hoy - Dijo Henry mientras dejaba su libro en el asiento continuo a la derecha. 

Ahora mismo se encontraban uno frente a otro, cada uno sentado en su asiento a unos cinco metros de distancia (distancia que medía el fuselaje de la aeronave). El paciente se sentaba apoyando sus codos en sus rodillas, al contrario que Henry, el cual se sentaba con su peculiar cruce de piernas y apoyando su mentón en su puño. Henry, tras estar pensativo apenas unos segundos arrancó hablar:

- Bien, escuche con atención porque no pienso repetirlo. Su nombre es Roberto Robles y no, no nos habíamos tomado café antes pero sí que nos tuteábamos. Llevo hablando con usted dieciséis meses por mensajería vía e-mail. A ambos nos han contratado para hacer un trabajo, ambos nos dedicamos a lo mismo, no somos asesinos solo hacemos lo que podemos con lo que tenemos para que las cosas salgan bien para nuestro contratista. Si alguien tiene un problema y está en una posición la cual pueda acceder a nosotros, hacemos el trabajo. La conmoción que sufrió fue irónicamente debida a un accidente de avión. Se había infiltrado como el piloto de una aeronave de pasajeros. Algo debió de salir mal, pues el avión perdió altitud rápidamente y obtuvo como consecuencia un aterrizaje forzoso que provocó la partición en dos del avión a la par que la explosión de uno de los motores. Murieron quinientas cuarenta personas, entre ellas niños incluidos. Heridos unos noventa y cuatro. Supervivientes solo catorce personas. Desde la torre de control no encontraron ninguna anomalía, quedaba investigar el avión, en busca de un mal funcionamiento o inhibidores.
 Entre las pruebas que le quería hacer la doctora Piers y el probable interrogatorio que ya, seguramente, estaba programado, jamás podría haberle sacado en menos de un mes de Luxemburgo.
- Así que ahora estoy en busca y captura. - Respondió el paciente intentando comprender toda la información de golpe.
- Sí, pero no había otra opción. Somos cuidadosos con nuestro trabajo, pero todos hemos tenido una vida anterior. Le habrían descubierto, con suerte habría conseguido la exportación a su nación, donde habría permanecido de por vida en la cárcel.

A raíz de la conversación poco a poco empezó a oscurecerse el día, se encendieron las luces de emergencia de las paredes del avión.

- Mejor será que descanse - repuso Henry - No es bueno tantas emociones en tan poco tiempo. Además, mañana al medio día llegamos a Madrid, necesitará fuerzas.
- Está bien. Solo una cosa más.
- Dígame.
- ¿Quién me ha puesto el traje?
- La misma persona que le ha puesto la ropa interior.

Roberto enarcó una ceja tras la contestación de su misterioso compañero. En parte Henry tenía razón, se sentía cansado y tenía mucho en lo que pensar. Siguiéndose frustrado por solo tener la historia de Henry y no poder recordar nada, esta vez, se acomodó en su asiento y empezó a analizar cada palabra que su compañero le había brindado ¿Maté a tantas personas? ¿Qué me pasó? Aunque aún seguía teniendo una intriga que pensaba acallar esa noche:

- ¿Madrid?

sábado, 6 de julio de 2013

Acceptance of Reality - Tomo II


17 de Abril de 2012
Hospital Kirchberg, Luxemburgo

Se oyen golpes en la puerta y alguien entra en la habitación interrumpiendo la conversación.

- Buenos días ¿Cómo se encuentra? Soy la doctora Emilie Piers y usted será mi paciente a partir de ahora.
- Me encuentro bien, a excepción del mero hecho de que no recuerdo absolutamente nada antes de este día.
- Sufrida una conmoción como la que usted sufrió es algo razonable ¿Sus sentidos y reflejos están normal?
- Por ahora no noto nada extraño.
- Bien, aún así seguirá en observación y quiero hacerle un electroencefalograma con mapeo cerebral. De este modo veremos si hay alguna anomalía en su sistema nervioso.
- Eso no va a ser posible - Respondió el hombre trajeado con perilla.
- Permítame ¿usted es? - Contestó Piers
- Discúlpeme, Henry Buttercup-McAuly y mi cliente...
- ¿Es familiar? - Preguntó la doctora interrumpiendo.
- No yo...
- Lamentándolo mucho si no es familiar y él no recuerda ni siquiera su nombre, no está en mano de ambos la elección del alta voluntaria. Así que si es tan amable, informará a su cliente de quién es y nos ayudara a rellenar estas fichas.

Mientras la doctora le facilitaba las fichas al señor Buttercup-McAuly. El paciente se fijó detenidamente en la doctora. A pesar de su tosco uniforme, se podía apreciar una fina silueta. Sin lugar a dudas era hermosa, tenía unos rasgos finos y unos grandes ojos azules. Su pelo, al contrario de la mayoría de doctoras y enfermeras que podía apreciar por la ventana que daba al pasillo de la habitación, estaba suelto. Y parecía tener un carácter bastante definido.
El paciente se dispensó, mientras dejaba a los dos desconocidos de su habitación discutiendo, para ir al baño.
Al entrar en el baño de la habitación de hospital, un amplio baño de dos metros cuadrados, observó un mini-espejo que colgaba con un hilo de un tornillo. Al momento se dio cuenta, había analizado cada detalle del par de personas que habían venido a visitarle desde que despertó pero en ningún momento reparó en él mismo.
Tenía la cabeza parcialmente vendada, desde la frente hasta la parte occipital, llevaba barba de unos dos días y tenía el pelo poco más largo que el canoso de fuera. Sin embargo no lo llegaba a apreciar todo con claridad, algo le pasaba en los ojos.
Salió fuera rapidamente y se dispuso a decírselo a la doctora.

- ¿Cómo se encuentra? - Preguntó la doctora al verle salir del baño.

La doctora Piers se encontraba sola en la habitación, su nuevo amigo había desaparecido.

- ¿Y el señor Buttercup-McAuly?
- Salió a realizar una llamada.

El paciente volvió a quedar pensativo...

- Piers... ¿Una americana en Luxemburgo?
- Sí, Erasmus, hice el Master aquí, me gustó y me contrataron. Es un sitio hermoso.
- Supongo...
- Vayamos a lo que realmente nos atañe ¿Siente algo?
- En principio todo va bien, pero los ojos... No veo con claridad.
- Quizás tenga algo que ver esto. - Dijo mientras le obsequiaba con unas gafas de pasta negra.- Las llevabas puestas cuando llegaste, irónicamente no sufrieron ningún golpe.
- Hipermetropía, claro.
- Bien, como le iba diciendo a su amigo...

Al instante sonó una alarma y unos gritos:

Nein, hier, hier, schnell raus.
- Le feu se développe. Evacuér.

-Quédese aquí mientras veo que ocurre. - Actuó la doctora.

A pocos segundos de irse la doctora Piers, apareció el misterioso amigo Henry.

- ¡Eh! Tú, vamos hay que evacuar.
- Pero...
- Pero vas a saber a carne torrada como no salgas de aquí ¡Rápido!

El paciente con tan solo la bata de hospital y sus gafas salió de la habitación dispuesto a seguir a su nuevo amigo hacia la salida. Una vez esquivaron el peligro y lograron salir afuera anduvieron unos cincuenta metros más hasta los jardines del hospital. Allí el paciente agarró a su protector por el brazo:

- ¿Qué ha pasado?
- Una pequeña explosión en la sala de helio.
- ¿Cómo lo sabes?
- La provoqué yo.
- ¿Cómo?
- Tenía que sacarte de allí de alguna forma. Y antes de que entres en estado de ansiedad y quieras contárselo a todo el mundo te informaré que le he robado esto a tu doctora.

En ese momento Buttercup-McAuly le inyectó un somnífero en el muslo derecho.

- Parece ser que la doctora Piers nos va a ser útil al fin y al cabo. - Oyó el paciente mientras poco a poco caía sobre la hierba exhausto.

viernes, 5 de julio de 2013

Acceptance of Reality - Tomo I


15 de Abril de 2012
Hospital Kirchberg, Luxemburgo.

- Necesito cien miligramos de epinefrina.
- Doctor, está entrando en parada.
- Desfibrilador.
- Aquí.
- Vamos, vamos...
- Está estable.
- Muy bien, entubenlo y llévenle a observación. Si en veinticuatro horas sigue estable quítenle la entubación y baje los niveles del suero dos gramos por cada hora.


2 días más tarde...

El paciente está en una habitación clara, con un juego de baldosas verde agua y blancas. Aún con los efectos de la anestesia proporcionada levemente por el suero intenta desvelarse. De repente, un hombre con traje de tres piezas pasa a la habitación.

- Guten Tag.

El paciente se inclina para sentarse y hace un gesto cortés con la cabeza, asintiendo.

- No parece usted alemán. Me atrevería a decir que su acento es el inglés, para ser más exacto de Escocia.
- ¡Já! Podría haberlo intentado con el francés, siendo también idioma oficial aquí. Pero visto lo visto, habría sido en vano.
- ¿Aquí? ¿Dónde estoy?

En ese momento el paciente reparó con análisis en el hombre trajeado. Era un hombre adulto de veterana edad, unos cincuenta y pocos. Su corte de pelo canoso era corto, aunque no presentaba rasgos de militar. Le llamó la atención su perilla, unida al bigote fielmente perfilada y recortada. Afeitado con navaja y recorte con maquinilla. Su traje era de un elevado presupuesto, eso seguro. Y esos zapatos de charol habían pasado por momentos más brillantes...

- ¿Eh? ¿Estás bien? Llevo un rato hablándote. - Dijo.
- ¿Cómo?
- Hmm... Está usted en el Hospital Kierchberg, Luxemburgo.

El paciente volvió a quedar absuelto de la conversación. Había algo raro, en un primer momento ese hombre lo estaba tuteando y ahora le hablaba de usted.

- Luxemburgo... Tengo una pregunta más.
- Dígame.
- ¿Quién soy yo?

lunes, 1 de julio de 2013

L' Amour




Buenas tardes mis irónicos y cinéfilos Suricatas. Hoy os vengo a hablaros del "amor" o el concepto que tenemos de ello gracias a la "publicidad" o "márketing" que hacen las películas inconscientemente a raíz de sus guiones optimistas y fielmente ficticios.

El amor produce una sensación de asfixia, una falta de respiración irascible a la par que origina una felicidad que llega a generar dependencia de la persona en cuestión. Citando a Ewan McGregor en Moulin Rouge!: "El amor es como el oxígeno" (siempre y cuando tengas acceso a él, claro). Ante esto quiero decir que muchas veces, en incontables situaciones, nos enamoramos más del concepto, o sensación, del amor que de dicha persona. A veces generamos una idealización, un estereotipo de lo que nos gustaría que fuese o pasara con esa persona. De eso nos enamoramos. Al tiempo, cuando descubrimos la verdadera realidad, somos infelices.

Tenemos tan en mente películas como Dirty Dancing, Love Actually, Sabrina (de Audrey Hepburn, por supuesto), Desayuno con Diamantes o la misma Moulin Rouge! que no somos capaces de ver la realidad.

La razón de todo esto... La razón del amor... Es por lo que coexistimos, por lo que cada día seguimos luchando. No es por conseguir el trabajo ideal, por superar nuestra crisis económica, ni por divertirnos a cada momento. Es por el simple hecho de estar con alguien del que estás enamorado y ser correspondido. Teniendo eso, todo da igual. El amor es... una irracionalidad que se necesita.

Descorchad la botella... Y cuidado al enamoraros.