Llevábamos ya un par de días cabalgando y habíamos
pernoctado la pasada noche en un puesto comercial cercano a un pueblo, que
alquilaba pocas habitaciones. El lugar era decente, limpio y con un dueño de
buena educación que nos invitó al desayuno. Me desperté temprano y decidí salir
a tomar el aire, el calor había hecho que la noche se hiciera algo larga y me
levantara con náuseas. Fui a ver a Brasa, que parecía haber tenido mi
mismo destino. No paraba de beber en el abrevadero y refugiarse en la sombra.
Se lo merecía, había sido una yegua muy eficiente estos días atrás. Con el calor y las náuseas agradecí la poca brisa que me brindaba el clima de las
primeras horas del alba. Me paré pensativo, fijándome en todos los detalles que
por la noche no había podido observar con claridad. La montaña tras el puesto y
la llanura en su frente. Las diferentes aves que por allí anidaban. El
silencio. Sin lugar a dudas, la falta de bullicio fue lo que más me impresionó.
La gente que pasaba por allí era variopinta, pero poca al fin y al cabo. No
eran suficientes como para combatir la música diaria de una ciudad. Pronto se
levantaría mi compañero y ese momento acabaría. Tendríamos que seguir nuestro
cabalgue a las gélidas tierras del norte. Dónde las costas son un mito y el
verano dura solamente un mes. Seguía absorto en todos mis pensamientos, todo lo
que dejaba atrás, las cosas que me perdería, si la aventura contrarrestaría
todo lo perdido...
Desde la
puerta y aún masticando el último trozo de pan salió mi compañero. Según se acercaba los rayos del sol se reflejaban juguetones en su Smith & Wesson y los repliques de sus botas perturbaban la tranquilidad que abundaba en aquel lugar. Llegó mirándome
con sonrisa pícara y haciendo una negativa con la cabeza.
- Deberías descansar más. Falta mucho camino por
delante. Si dormimos unas cinco horas diarias y de las cuales no llegas a
cuatro durarás en el camino tres días más a lo sumo. Eso hará que nos
retrasemos y tendré que llevarte a cuestas. Y no me apetece.
Ignorando la palabrería y cháchara contesté abriendo
otro tema.
- He entendido tu consejo...
- Es lógica pura, hay que dormir al igual que hay
que com...
- No. -intervine antes de que volviera a empezar- Me
refiero al otro consejo, el de anoche.
Me miró con cara de recién levantado extrañado. Con
lo que hablaba probablemente ni siquiera se acordaría de a qué me refería y del
por qué una de sus frases me había calado tan hondo. Quise comenzar a
explicárselo cuando me sorprendió de pronto.
- La vida hará que conozcas a mucha gente. Muchas de
estas personas permanecerán en tu recuerdo, tienes buena memoria así que la
mayoría, pero otras caerán en el olvido. Un egoísta recuerda sólo de los que ha
podido sacar algo y de los que en un futuro podrá sacar. Tú también recuerdas a
los que personalmente te han aportado algo, aunque sólo sea una simple idea. El
hecho de que te marches lejos significa que perderás el contacto con la mayoría
no que dejarán de existir en tu recuerdo. Habrá personas que, irremediablemente, perderás. Vuestros caminos se cruzaron pero nunca estuvieron
destinados a seguir juntos.
- He dicho que he entendido el consejo, no que esté
de acuerdo. Una persona puede esforzarse en fortalecer relaciones aún cuando la
distancia juega en su contra. Si bien la correspondencia no es lo mismo que el
trato personal es un avance a tener en cuenta. No siempre habrá distancia y el
destino es travieso con el futuro. ¿Quién sabe? Quizás los caminos vuelvan a
juntarse.
En todos los años que mi compañero y yo habíamos
mantenido conversaciones con ideas dispares siempre tuvo la última palabra, dando
miles de razones. Esta vez se quedó callado. Me miró un instante, comprendiendo
que ni siquiera yo me creía. Aún así yo mantuve mi compostura e ideal. Él se
alejó, ensilló su caballo y me animó a hacer lo mismo. Nunca hablamos más del
tema, el tiempo nos daría la razón. Aunque ambos ya sabíamos la certeza del
asunto...
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