Había seis cosas de aquel lugar que lo caracterizaban: la lucha entre las secas acículas del suelo y la húmeda niebla que se colaba entre los árboles, la cercanía de la playa en la cual podían diferenciarse en la madrugada todas las constelaciones (cuyas sólo conozco dos), ese inmenso mar con sus bancos de peces que te seguían cuando buceabas entre ellos... Las dos siguientes cosas eran sensaciones, sentimientos abstractos ¿La última? Ese árbol que te acompaña cada cierto tiempo. Las adelfas lo decoran, aquellas flores tan venenosas y de agradable olor y color. Se dice que si las hueles durante un corto periodo de tiempo terminan dando cefalea (de eso voy servido).
Recordaba los viejos veranos en este lugar. Mucho más colorido, con más gente y melancolía en el aire, con un futuro ya escrito. Ahora todo parecía más incierto.
El descansado viaje había venido acompañado del viejo Jack y "los de toda la vida". Recuerdo un día a los doce años. Sonriendo. Todo estaba planeado...
Había seis cosas que caracterizaban aquel lugar. Dos eran sensaciones.
"Dos eran sensaciones..."
(Foto tomada tras redactar esta entrada el 5 de agosto de 2016)
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