Angosto, triste, árido, seco… Había muchas formas de
describir aquel lugar. Aquellas pequeñas chabolas arrasadas por el viento y el
abandono. Aquellos juguetes desparramados por el suelo, síntoma de prisas por
dejar todo atrás. Por dejar lo que era su vida atrás. Era interesante acercarme
a aquellas puertas entreabiertas. Ver lo que debía de haber sido la decoración
de esos pobres salones o cuartos. Sin duda alguna, lo más triste siempre era el
baño y la cocina. El primero se resumía en un agujero en el suelo. Lo segundo…
bueno, digamos que había mesa y alguna que otra silla.
Era primavera y
no hacía más que hacerme siempre la misma pregunta ¿Cómo se supera el invierno
con chapas y boquetes?
Me dispuse a echar un vistazo general. Tenía que idealizar
la situación. Tenía que escribir sobre ello. Sobre los objetos desparramados,
sobre las malas hierbas fuera y dentro de lo que se denominaría hogar, sobre
las corrientes de aire que había en aquel lugar desolado. Pero no. No podía hacerme
una idea de cómo se vive ahí. De qué se come sin cocina, o el frigorífico donde mantener los productos. La salud alimentaria debía ser
precaria. Y aun así seguía esa pregunta en mi cabeza ¿Cómo se supera el
invierno con chapas y boquetes? ¿Cómo se supera el invierno con chapas y
boquetes? Me venían a la cabeza esos discursos que hablan del capitalismo
humano y su aspiración. Por el ideal de no compartir para así crecer como
individuo rico. Me vino a la cabeza diferentes hechos históricos. Como si no
hubiera habido guerras como las de la antigua Grecia, hoy día nuestra sociedad
estaría más avanzada. Pero el ser humano no es así. El ser humano aspira a más.
Y para que unos estén por encima, muchos deben de haber por debajo.
Seguí mirando aquel lugar. Ésta vez para pensar donde
estarían y recordé aquella canción de Silvia Pérez Cruz: “Es indecente y es
indecente, gente sin casa, casa sin gente”.
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