Querida Cordelia.
Después de meses en el mar , tu recuerdo es lo único que me mantiene cuerdo. Hace dos días
que tuvimos que abandonar las aguas de la Isla de Wight , por presión de naves
inglesas. No he podido dormir desde entonces. En un momento , aparecieron
por el horizonte varios escuadrones que nos impedían el paso hacia el puerto.
Algunos de ellos comandados por el pirata Drake. La batalla duró horas. Los
cañones resonaban con un ruido atronador que acompañaba de un humo espeso, el cual ocultaba a nuestros enemigos. Una de las balas me pasó a menos de seis metros , adentrándose en el casco , destruyendo parte de nuestras armas y eliminando a
dos soldados. Dos amigos. El día anterior bebimos vino, recordando nuestro hogar
e imaginando qué haríamos a la vuelta. Quién nos esperaba en casa. Yo solo
podía pensar en ti. En tu fina figura con ese camisón blanco que contrasta con
tu melena azabache. Con esa soberbia al caminar que hace que todas te envidien.
Con esa alba tez , repleta de lunares. Constelaciones que me guían sobre tu
cuerpo al igual que las estrellas encauzan al marinero. Te echo de menos. Mi
querida Cordelia. Tanto pensé en ti y tan poco dije mientras brindábamos con el
tinto.
Me quedé en blanco mirando sus cuerpos destrozados entre la
humareda y el olor a pólvora. Pensé que era el fin. El duque ordenó la
retirada. Tras conseguir zafarnos de su tiro , viramos a estribor y pasamos a
toda vela. Fue en ese momento. Mirando por el hueco que esa bola de cañón había
dejado en el casco , cuando la vi. Esa nave de leyendas , comandada por el pirata
más apreciado de la Reina de Inglaterra. Es curioso lo que una patente de corso
puede hacer. Convierte al hombre más despiadado, en un corsario al servicio de
su majestad. En este momento vamos hacia el paso de Calais , para reunirnos junto
al escuadrón del duque de Parma. Medina Sidonia está convencido de que ahí
pondremos fin a los ingleses.
Mi querida Cordelia. Aquí entre olas picadas y el resonar de la
madera que tanto te relaja , te escribo. Pues he de advertirte de que pronto
estaremos juntos y no pienso pasar instante sin ti. No hay temor que en mi
encuentre , pues soy Español. Los ingleses nos denominan la Armada Invencible y
pronto ese nombre obtendrá sentido a la altura de las Gravelinas , donde por fin
pondremos fin a esta batalla. Donde por fin se me permitirá volver a mi hogar.
Lugar que dará comienzo a la mejor etapa de nuestras vidas. Mi querida
Cordelia.
Seis de agosto de 1588.
Atentamente ,
Atentamente ,
Tu amado esposo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario