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lunes, 19 de noviembre de 2018

Osado descanso

La puerta estaba al final del pasillo. Desde dentro salían al menos seis voces descoordinadas. Avancé decidido y cansado por la intempestiva hora de la madrugada a la que a veces me toca trabajar. Al entrar, un joven policía me hizo un resumen de la situación. La inspectora ya había llegado y estaba analizando la escena junto con algunos de la científica. Era un piso pequeño, del salón-cocina se accedía al dormitorio y de éste al baño. No había nada más. Entré despacio al dormitorio, creyendo saber lo que vería, pero con reticencia para hacerlo. Allí estaba. Tumbada. Descansando. No debía tener más de veinticinco años. Sus ojos estaban cerrados y su postura era relajada. No quise preguntar si ya estaban cerrados al llegar. Me acerqué para examinarla más de cerca. Realmente descansaba. Rocé el dorsal de su mano a conciencia, aún estaba caliente. Era una chica realmente delicada. Una voz exterior me sacó de mi ensoñación. La inspectora esperaba que me encargara de cerrar el caso. A esperas de los análisis forenses se esclarecía lo ocurrido con las diferentes cajas de pastillas y el vaso vacío de su mesita de noche. Era lo único desordenado. Todo estaba donde debía de estar. No había polvo. Sus sábanas estaban planchadas. Su postura desafiaba a la de Ofelia en perfección. Los de la científica salieron, el forense hacía rato que le había dado el informe preliminar a la inspectora, y ésta me miraba con la seriedad propia de alguien que ha perdido la sensibilidad por la gracia de su vida laboral. "Intentar analizar el por qué de la situación no es nuestro trabajo" y "Nuestro cometido es encontrar al culpable del acto, y en este caso la tenemos enfrente de nuestros ojos" fueron las dos frases de consolación que su gélido carácter pudo gesticular antes de salir. El sol empezaba a alzarse y algunos de sus rayos rompieron la barrera morada de la cortina que allí había. Las sombras desaparecieron por la victoria de aquellos rayos purpura que dieron a la alcoba un entorno de cuento. Eché un último vistazo antes de que su cuerpo se retirara de tan placentero templo. Sus mejillas aún estaban rosadas.




"Parecía que estaba dormida".
- Agente de la policía.

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