15 de Abril de 2012
Hospital Kirchberg, Luxemburgo.
- Necesito cien miligramos de epinefrina.
- Doctor, está entrando en parada.
- Desfibrilador.
- Aquí.
- Vamos, vamos...
- Está estable.
- Muy bien, entubenlo y llévenle a observación. Si en veinticuatro horas sigue estable quítenle la entubación y baje los niveles del suero dos gramos por cada hora.
2 días más tarde...
El paciente está en una habitación clara, con un juego de baldosas verde agua y blancas. Aún con los efectos de la anestesia proporcionada levemente por el suero intenta desvelarse. De repente, un hombre con traje de tres piezas pasa a la habitación.
- Guten Tag.
El paciente se inclina para sentarse y hace un gesto cortés con la cabeza, asintiendo.
- No parece usted alemán. Me atrevería a decir que su acento es el inglés, para ser más exacto de Escocia.
- ¡Já! Podría haberlo intentado con el francés, siendo también idioma oficial aquí. Pero visto lo visto, habría sido en vano.
- ¿Aquí? ¿Dónde estoy?
En ese momento el paciente reparó con análisis en el hombre trajeado. Era un hombre adulto de veterana edad, unos cincuenta y pocos. Su corte de pelo canoso era corto, aunque no presentaba rasgos de militar. Le llamó la atención su perilla, unida al bigote fielmente perfilada y recortada. Afeitado con navaja y recorte con maquinilla. Su traje era de un elevado presupuesto, eso seguro. Y esos zapatos de charol habían pasado por momentos más brillantes...
- ¿Eh? ¿Estás bien? Llevo un rato hablándote. - Dijo.
- ¿Cómo?
- Hmm... Está usted en el Hospital Kierchberg, Luxemburgo.
El paciente volvió a quedar absuelto de la conversación. Había algo raro, en un primer momento ese hombre lo estaba tuteando y ahora le hablaba de usted.
- Luxemburgo... Tengo una pregunta más.
- Dígame.
- ¿Quién soy yo?
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